martes, 8 de diciembre de 2009

LA CENSURA DE SIMÓN

“Cuando el sol deje paso a largas horas de oscuridad, mantente ocupado”, eso me dijeron. Encontrar las diferencias se hace harto difícil. Es una tarea que implica dedicación y paciencia. Algo de lo que no dispongo a sabiendas de que no hablamos de disposición cuando se trata de dichos conceptos. Ya no diferencio la ropa sucia de la limpia. Ya no diferencio un trabajo mal hecho de uno realizado con esmero. Ya no diferencio una almohada confortante de otra que sobrevive día a día de vuelta y vuelta. Ya no diferencio una resaca de otra. Ya no diferencio unos espaguetis boloñesa con carne, de otros con aceite y especias robadas. Ya no diferencio la palabra “LIVE” pegada al lado de la puerta de “EVIL”. Y siete ya no es el número.

Algo no va bien cuando te despiertas con el ordenador al lado de la cama, cervezas y pitillos a tu alcance, tan solo deslizándote por encima del colchón, y quitándole importancia a tus pocas ganas de moverte de ahí repitiéndote y repitiendo que hoy estás perezoso. Todo lo hablas a golpe de tecla o con monosílabos desde detrás de un amasijo de sábanas que te cubren la cabeza. Todos esos papeles amontonados pueden pasar así otro día más. Y ese cajón lleno de facturas que prometiste llevar al día implica la paciencia que no estás dispuesto a poner en práctica.

Quiero salir de aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario